Me dijiste que el mundo estaba caótico, que nunca ibas a dejar de amar ese fantasma. Te entendí, me quedé mirándote como el tallo de una flor. Y estaba desnuda en tu cama, en tus sábanas; desnuda de vida, desnuda de milagros. Esperando curarte, calmar tu sufrimiento de pobre lobito, de criatura silenciosa.
Y vos mirabas por la ventana,
seguramente pensando
que saltar al vacío
era aún mejor
después de hacerme el amor.